ABUSO DE CONFIANZA Y DELITOS SEXUALES

ABUSO DE CONFIANZA Y DELITOS SEXUALES, Publicado Estrella de Panamá, 27 de agosto de 2018.
Virginia Arango Durling de Muñoz
Catedrática de Derecho Penal
Universidad de Panamá

Los abusos sexuales que se cometen y se han denunciado contra menores de edad, es preocupante porque se abusa de la confianza de los menores de edad y se ataca su libertad sexual, como sucede en los casos de violación, abuso deshonesto, corrupción de menores, acceso sexual con ventaja, y los recientes casos de pedofilia denunciados por el clero religioso de Chile, y el escándalo de la Iglesia de Estados Unidos, en la que Corte denuncia 300 sacerdotes y mil víctimas..
La confianza es necesaria a nivel de relaciones personales puesto que nos da seguridad. Cuantas veces compartimos nuestros sentimientos, proyectos y en general nuestra vida con nuestros amigos, de padres a hijos o viceversa y entre parejas, entre otros. La confianza que ponemos en una persona no es algo que se hace de manera aislada, sino que va creciendo a través del tiempo, de ahí que ésta se va ganando día a día, tanto es así, que se afirma que la confianza se gana subiendo por las escaleras y se pierde bajando por el ascensor”.
Y si consideramos a una persona digna de nuestra confianza, esto nos permite creer en ellos, y desarrollar nuestras relaciones de amistad o de otra naturaleza, con respeto, responsabilidad y amor, aunque nada impide que esta se debilite o se destruya por diversos motivos. Así tenemos, que la confianza se pierde por la mentira o la traición en el ámbito de las relaciones de parejas, entre amigos, por ejemplo por pedir numerosos favores: préstame el celular porque no tiene saldo, y hace varias llamadas, o que le cuides a la mascota mientras está de viaje.
Podría afirmarse como decía Tales de Mileto que en la confianza está el peligro», pues en el caso de los abusos sexuales a menores de edad quienes usualmente realizan estos hechos no son personas extrañas a los menores de edad, son personas conocidas que se desenvuelven dentro del entorno familiar, escolar o social. ¿Y nos preguntamos si podemos dejar de confiar en los demás? Coincido con Graham Greene que «Es imposible ir por la vida sin confiar en nadie; es como estar preso en la peor de las celdas: uno mismo”.
Ciertamente resulta imperdonable y más aún cuando son los padres, educadores, clérigos u otras personas cercanas a los menores de edad que realizan tales hechos, en las que se mantiene un código de silencio por parte de la víctima y de su entorno familiar, de sus amigos u otros, cuando hay complicidad y encubrimiento. Y por supuesto, que tales actos se realizan sin consentimiento del menor de edad, el sujeto se aprovecha y saca ventaja de su situación de superioridad y de la vulnerabilidad de la víctima, teniendo contacto corporal con la misma u obligándole a realizar actos de contenido sexual abusando de su confianza, atacando su libertad sexual y provocando daños irreparables a la víctima.
¿Qué podemos hacer? A nivel jurídico existen la sanciones para estos delitos, pero esto es insuficiente, de ahí que a nivel familiar, los padres deben ganarse la confianza de sus hijos para evitar guardar este tipo de secretos, conversar sobre la sexualidad y su cuerpo y de los límites de tocamientos, y estar atentos para detectar los abusos sexuales, mientras, que a nivel de la sociedad todos tenemos que contribuir a romper el silencio y denunciar estos hechos.
Con toda razón, el Papa Francisco, a propósito de los abusos sexuales en la Iglesia de Chile, envió un mensaje fuerte por encubrir los abusos sexuales, y nos habla que hay que combatir la cultura del encubrimiento y reconoció que «aprender a escuchar» es una de las principales faltas y omisiones de la Iglesia en este caso, que llevó a que se construyeran conclusiones parciales frente a una serie de denuncias no escuchadas preliminarmente por el clero chileno».