Mentiras y falsedades en Derecho Penal

A Pinocho le crecía la nariz cuando decía mentiras, y el efecto Pinocho ha hecho que muchos hayan aprendido sobre la importancia de decir la verdad.

A Pinocho le crecía la nariz cuando decía mentiras, y el efecto Pinocho ha hecho que muchos hayan aprendido sobre la importancia de decir la verdad. Sin embargo, no puede obviarse que vivimos en una cultura de la mentira, en la que frecuentemente algunas personas se han acostumbrado a mentir o engañar a los demás, por lo que nada nos sorprende que en muchas ocasiones nos engañen.

Ahora bien, las razones por las cuales las personas mienten son de diversa naturaleza y las mentiras son variadas: a) por motivos laborales (llegar tarde y decir que había un tranque o no ir al trabajo y decir que estaba enfermo cuando no lo estaba), b) para ocultar una infidelidad (“estoy en una reunión”, “trabajando tarde”, “salí con amigos”), c) las mentiras políticas que se hacen y no se van a cumplir (más empleo, salud), d) la de los estudiantes (“profe, mi computadora se dañó” o “profe, tuve que cuidar a mi abuelo enfermo”), aunque en general todas tienen algo en común, el miedo o temor a lo que les pueda pasar o que les pueda perjudicar al decir la verdad sobre un hecho.

Existen distintos tipos de mentira, y ya encontramos una clasificación de San Agustín, siendo en la actualidad las más comunes las siguientes: las mentiras piadosas (que tienen una justificación), las mentiras instrumentales que buscan un interés propio (mentir en una hoja de vida), las mentiras de autoengaño, los rumores, las exageraciones, el plagio, las mentiras compulsivas, las que se realizan una y otra vez, las mentiras altruistas o de cortesía, las que buscan dañar a otros, y las denominadas mentiras comunes y las mentiras políticas.

Se miente con frecuencia y cuando son descubiertas, traen la pérdida de credibilidad y de confianza en las personas, pues si lograste engañar a una persona, no quiere decir que sea tonta, quiere decir que confiaba en ti, más de lo que te merecías (Charles Bukowski).

 

Ahora bien, en materia penal el engaño tiene consecuencias, como sucede con el acceso sexual en condición de ventaja (art. 176), cuando habiendo promesa de matrimonio el sujeto engaña a una mayor de catorce años y menor de dieciocho, para lograr el consentimiento de la víctima y tener acceso sexual, o también cuando se engaña en otros delitos para explotar sexualmente a menores de edad (art. 180).

También cuando se miente en el delito de Calumnia (art. 194) afectando el honor de la otra persona cuando acusa a otro de cometer un delito afectando su honor, sabiendo que es inocente, o en el caso del delito de bigamia, contrayendo un segundo matrimonio con otra persona, sabiendo que no puede hacerlo, porque hay impedimentos (art. 209).

Y, sin embargo, el arte de la mentira lo encontramos con el estafador, sujeto inteligente que tiende a generar confianza en las otras personas, porque muestran mucha seguridad, tienen simpatía y son elocuentes, y utilizan diversos trucos, ganándose la confianza de la víctima para que les dé dinero, como ha resultado en los casos de estafas para venta de vehículos o alquileres de casa, o a través de las redes sociales con falsos préstamos, o de viajes.

 

Finalmente, podemos mencionar algunos otros delitos en los que es característico el engaño, como suele ser el delito de falso testimonio o el delito de acusación y denuncia falsa, siendo común el de faltar maliciosamente a la verdad y con el ánimo de perjudicar a otra persona.

Catedrática de Derecho Penal, Universidad de Panamá.